El ladrillo se come la costa española

Publicada en lanoticiaimparcial.com

Hace apenas unos días llegaba a nosotros la noticia de que Asturias es la comunidad autónoma que mejor conserva su litoral, mientras que las cifras más negativas de Greenpeace señalan a la costa mediterránea; Cataluña, Andalucía y, sobre todo, la Comunidad Valenciana, con la mitad de su costa construida, han sucumbido al ladrillo. Los rascacielos de Calpe o de Benidorm son un ejemplo. Según fuentes de Greenpeace en las dos últimas décadas se han destruido en la franja de los 500 metros de costa dos hectáreas cada día.

Greenpeace presentó el pasado jueves día 8 de Agosto la decimotercera edición del informe “Destrucción a toda costa 2013″ en el que mediante el uso de imágenes de satélite se analiza, municipio por municipio, la situación de los primeros 500 metros de costa de todo el país. Asturias ha resultado ser la comunidad que mejor ha conservado su litoral frente al ladrillo y el hormigón a pesar de ser la que menos superficie total protegida tiene en la franja de los primeros 500 metros de costa (el 27 %). Digamos que Asturias “se mantiene a salvo de la fiebre del ladrillo”.

De entre los 21 municipios litorales del Principado de Asturias, Greenpeace ha señalado a Gijón, Carreño y Castrillón como los que tienen mayor porcentaje de superficie construida en los primeros 500 metros de costa, con un 67, 33 y 18 por ciento de la franja urbanizada respectivamente. Las imágenes facilitadas por el satélite señalan a Llanes, Valdés, Tapia de Casariego, Carreño y Gozón como los cinco municipios que más rápido han destruido su patrimonio natural durante los años de la burbuja inmobiliaria. A pesar de estos datos, Asturias cuenta con doce concejos en la lista elaborada por Greenpeace de los 155 municipios españoles que han construido menos en su primera línea de costa, con apenas un 3,2 por ciento de ocupación.

La directora de campañas de Greenpeace, María José Caballero, ha denunciado que los datos facilitados por el informe “muestran una costa inundada de ladrillo”. Además, la organización también ha criticado la nueva Ley de Costas que “permite que se reduzca la protección de 100 a 20 metros en determinados tramos” y ha alertado que de seguir construyendo en estas zonas “la costa sufrirá un colapso total en 124 años”.

Unas de las playas asturianas que han sido votadas como las mejores playas de Asturias son estas: Playa de Gulpiyuri (Llanes), Playa del Silencio Gavieiro (Cudillero), Playa de Cuevas del mar (Llanes), Playa de Poó (Llanes), Playa de Borizu (Llanes), Playa de Penarronda (Castropol), Playa de La Franca (Ribadedeva), Playa de Rodiles (Villaviciosa), Playa de Otur (Valdés), Playa de Lastres (Colunga), Playa de San Lorenzo (Gijón), Playa de Cueva (Valdés), Playa La Griega (Colunga), Playa de Portizuelo (Valdés), Playa de Barayo (Valdés), Playa de Xagó (Gozón), Playa de Frejulfe (Navia), Playa de Bañugues (Gozón), Playa de la Ribeirona Cadavedo (Valdés), Santa Maria del Mar (Castrillon), entre otras.

 

 

En la costa de Asturias, en España, el mar y la montaña se funden creando paisajes de gran belleza, algunos de los cuales son realmente singulares. Este es el caso de la Playa de Gulpiyuri. En Llanes se encuentra uno de los monumentos naturales (declarada así desde 2001) más peculiares del mundo: la playa que es y no es. ¿Cómo? La playa de Gulpiyuri es así. Dependiendo de la marea del Cantábrico, Gulpiyuri se vuelve playa. Una división acantilada de unos 100 metros separa el mar del lugar a través de una rocosa caverna. Cuando se alza la marea, el agua recorre esa distancia y conforma la zona de baño, con unos 40 metros de orilla de dorada arena, con forma de concha, siendo también una de las playas más pequeñas del mundo. Es además uno de los pocos lugares de Asturias que forma parte de la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos.

 

 

El fenómeno que dio lugar a una playa de estas características se llama dolina: en un acantilado costero de roca caliza se fue creando una cueva hacia el interior por efecto del mar, cuyo techo se hundió, abriendo la caverna al cielo y dando lugar al hundimiento del terreno y dejando al descubierto esta maravilla de playa. Es por ello que esta curiosa playa se encuentra a 100 metros del mar, del que sigue recibiendo el agua a través de las cuevas. En días de marea agitada, se puede observar como, estruendosamente, las olas entran golpeando las paredes de la caverna.

La zona en general parece sacada de un cuento de hadas, no sólo es impactante la presencia y el aspecto surreal de la playa, sino pasear por las inmediaciones y subir sobre el borde costero para observar el mar desde lo alto y sus acantilados, de camino a la playa puedes incluso encontrarte hasta ciervos. Una de las cosas que más llaman la atención es que está rodeada de verdes prados agrícolas y parece salida de la nada. Sus tranquilas aguas, cuando la marea está baja, permiten a los visitantes bañarse tumbados en su leve vaivén, el mismo que a veces tiende a desaparecer. De manera contraria, cuando sube la marea, el agua del mar llega a rozar la hierba. Es una playa de difícil acceso, ya que su último tramo hay que hacerlo a pie, y está poco transitada por los turistas, aunque esto a día de hoy está cambiando ya que cada vez la está descubriendo más gente (cuando más concurrida está es entre julio y agosto).

En esta playa cada persona debe llevarse su basura consigo, para tratar de mantener las zonas naturales cuidadas. Allí no hay bares, papeleras, ni ningún otro servicio, así como tampoco dispone de vigilancia o salvamento. Esta playa no está considerada como peligrosa, pero he de advertir que hay puntos del día en el que las corrientes pueden ser fuertes, con lo cual peligrosas, si tratas de adentrarte por la cueva (tampoco creo que sea una buena idea hacerlo), has de tener cuidado y hacerlo cuando el mar esté en calma ya que la roca es muy abrasiva por efecto de la erosión y el movimiento de las olas lo hacen extremadamente peligroso. Algunas recomendaciones para entrar son: hacerlo solamente cuando haya marea baja, ponerse neopreno (por el agua fría y para evitar cortes con la suma cantidad de piedras con las que uno se puede encontrar), aletas para los pies, y si se piensa salir por el tragaluz del acantilado, zapatillas. La dificultad de la escalada no supera el nivel (IV) pero sin cuerdas hay que pensarlo. El tramo superior está lleno de zarzas y pinchos. La salida al mar del acantilado es simbólica, hay que volver por donde se ha entrado. Lo mejor para moverse por dentro de al cueva es dejarse llevar por la marea, y si esta te arrastra, intentar cogerse a las paredes (pero con cuidado ya que hay que recordar que estas ricas cortan). No se recomienda salir a mar abierto ya que la resaca en los acantilados es imprevisible.

Este es sin duda un lugar digno de visitar.

 

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